Hay amores que solo pueden vivir en tu corazón, no en tu vida.

Y quizás alguna vez, nos toque aceptar que aquello que sentimos, no podremos más que guardarlo en nuestro corazón, que por un motivo u otro no será posible expresarlo o sencillamente recibirá algo de vuelta.

No daremos cuenta de que aceptar los imposibles cuesta mucho, que quizás nos estrellemos una y otra vez contra la misma pared, antes de asumir que el hecho de tener las mejores intenciones hacia alguien, el hecho de estar dispuestos a dar lo mejor de nosotros y de querer alimentar un amor bonito, no será suficiente para que una persona esté en nuestras vidas.

A veces tendremos que consolarnos con la creencia de que quizás no hubiese sido tan especial, tan bonito o tan perfecto como lo imaginábamos y que el reservar una ilusión honra más lo que sentimos, que el haber concretado nuestros deseos.

Sí, no somos adivinos, no podemos predecir cómo hubiese sido nuestra vida al lado de alguien, solo podemos sentir ese frío que caracteriza las ausencias, esa voz que a veces se quiebra al recordar en voz alta, ese sentimiento de que quizás nos faltó un poco más de algo para lograr estar junto a esa persona, que aunque no podemos tocar, siempre está presente.

Ciertamente en muchas oportunidades nos quedamos con cosas que quisimos decir, con sentimientos guardados, con acciones no ejecutadas y con el paso del tiempo nos podemos sentir culpables por no haber dicho o hecho suficiente… Pero eso no alivia nada, solo lo empeora. Debemos entender que cada una de nuestras acciones está soportada por nuestra experiencia, por nuestras herramientas y recursos para un tiempo determinado, si hoy la haríamos diferente, ese cambio solo responde a lo que hemos crecido en el trayecto. Y como bien dice una de las leyes espirituales de la filosofía hindú:

Lo que sucede es la única cosa que podría haber sucedido.

Así que confiemos en el proceso de la vida, no nos castiguemos por nuestro pasado y valoremos las oportunidades que tenemos en nuestro presente.

Si está a nuestro alcance hacer algo para que quien conside0armos debe estar en nuestra vida, efectivamente esté, pues hagámoslo. Si sabemos que no es posible o quizás resulta inconveniente, pues aceptemos la realidad  y asumamos que algunas personas solo estarán presentes en nuestras vidas por el amor que sentimos por ellas y el espacio que ocupan en nuestros corazones, sin que exista posibilidad de que estén presentes de otra manera.

Aprender a aceptar y a fluir, es crecer.

Autor: Sara Espejo

Publicado en: Amor

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