Ignorar es responder con inteligencia

A lo largo de la vida nos damos cuenta de que muchas de las cosas a las cuales prestamos atención, no terminan siendo sino un drenaje de energía innecesario para nosotros y que en realidad no iba a existir mucha diferencia en los resultados si las dejábamos pasar.

Muchas veces nos volvemos un tanto obsesivos, controladores, queriendo cambiar el mundo, queriendo hacer mejores a quienes nos rodean, queriendo que todo salga de acuerdo a nuestro criterio y cuando algo ocurre de manera diferente a lo que esperamos o a lo que queremos invertimos mucho de nosotros, bien sea resistiéndonos, luchando, intentando cambiar o frustrándonos por no poder aceptarlo.

Ante este tipo de acciones, la vida nos va enseñando que hay una alternativa y al principio puede resultar difícil de aplicar, pero a la larga si vamos practicando notaremos los excelentes beneficios de la herramienta para nuestro bienestar y tranquilidad, este recurso no es más que: Ignorar.

Ignorar suele confundirse con la indiferencia o la indolencia, puede dar pie a pensar que la persona que ignora es poco empática y no desea involucrarse con aquello que no le pertenece o con aquello que pudiese afectarle o no tiene alcance a cambiar… Y en parte tiene razón, pero la acción no viene determinada por el egoísmo, sino por la aceptación.

Siempre ocurrirán cosas diferentes a lo que queremos, siempre tendremos a una persona que parece estar pagada para torturarnos la vida, siempre veremos ante nuestros ojos cosas que no podemos cambiar y allí es cuando es útil ignorar… justo cuando nos damos cuenta de que no podemos hacer nada para que las cosas se acerquen a lo que consideramos mejor.

Ignorar es una protección a nuestra salud emocional, inclusive física, a través de ella le decimos a la vida que la aceptamos aún con lo que nos incomoda y que tenemos la capacidad de desatender lo que nos daña, de restarle importancia a lo que nos incomoda y de dejar pasar aquello que no es conveniente para nosotros.

Esto debemos hacerlo como un proceso consciente, estar atentos a nuestros pensamientos, ignorar con honestidad hacia nosotros mismos es un arte. Muchas personas deciden por ejemplo no inmiscuirse en una situación, pero la misma queda haciendo eco en sus mentes, atormentándolas, restándoles energía. Esto no es ignorar, esto es aparentar que algo no nos afecta y no es eso lo que se busca.

No es sencillo, pero tenemos la capacidad de hacerlo, de preservar nuestra vida de las cosas que no aportan en nuestro crecimiento y nos generan malestar. Bien sea personas, pensamientos, acciones, palabras… Ignora todo aquello que no puedas cambiar o transmutar para ser mejor, sin esconder las heridas que te hayan generado, perdonando de ser necesario, pero quitándoles el poder de la atención que los hace más grandes, importantes y permanentes.

Fuente: Rincon del tibet

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