No guardes rencor…

En mi vida procuro sanar cada una de las heridas, no me gusta andar con pesos a cuestas que me hagan difícil el camino. Con el tiempo he aprendido que el perdón es uno de los mejores regalos que poseemos, tan liberador, con esa capacidad de aligerarnos, solo que no es tan fácil de aplicar, muchas veces creemos haber perdonado, nos lo repetimos hasta el cansancio, pero ante cualquier roce, esa herida vuelve a abrirse, vuelve a sangrar y vuelve a doler.

Ojala tuviésemos la oportunidad de hacer borrón y cuenta nueva, ojalá pudiésemos tener una memoria selectiva que nos protegiera de cualquier recuerdo desagradable, que pudiésemos quizás seleccionar conscientemente lo que se recrea en nuestra mente, pero la realidad es diferente, requiere de un esfuerzo y de un trabajo interior que demanda atención y entrenamiento.

Hoy en día procuro perdonar lo más pronto que puedo, apenas me siento decepcionada, afectada o herida por alguien más, hago un desglose de la situación, reparto responsabilidades, incluyendo mi cuota. Veo qué puedo rescatar de la situación y suelto, si es de vivir un duelo, lo vivo, pero no me aferro a incrementar el dolor, a martirizarme, a victimizarme o a vivir de escenarios hipotéticos en donde las cosas ocurren de otra manera.

Aceptar es una de las claves para liberarnos del dolor, cuando dejamos de resistirnos, todo parece tomar un rumbo diferente, lo que nos parecía injusto, lo que nos incomodaba, lo que nos indignaba, sencillamente lo podemos apreciar de una forma más objetiva, más empática, podemos dar respuesta a los porqués que se presentaron en el camino y sencillamente tomar acciones desde lo que es y no desde lo que nos gustaría que fuese.

Ciertamente no perdemos la memoria, no podemos hacer como si algo no ocurrió y esto debemos verlo como una ventaja, porque el hecho de haber vivido una experiencia con la cual nos sentimos incómodos, pero de la que sacamos una aprendizaje, puede evitarnos vivencias relacionadas a futuro o posicionarnos con mayores conocimientos y herramientas ante situaciones similares, evitándonos seguramente resultados parecidos a los previamente obtenidos.

Debemos ser capaces de entender que no todo ocurrirá como lo deseamos, especialmente porque no somos expertos materializando la vida como la queremos, sino que por lo general nos concentramos tanto en lo que no queremos, que terminamos por atraerlo a nuestras vidas.

Somos responsables de lo que vivimos y nuestros pensamientos son fuente directa de creación, no alberguemos nada en nuestro interior que nos haga pensar o sentir negativamente, liberémonos del rencor, del resentimiento, de los celos, de la ira, utilizando las experiencias para nuestro crecimiento en lugar de torturarnos con lo que no nos es posible cambiar.

Autor: Sara Espejo

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